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Corrientes Marinas
 
Son movimientos de traslación continuados y dinámicos de masas de agua de los océanos y los mares. Transportan grandes cantidades de agua y energía (en forma de calor) que afectan al clima y a la productividad de las aguas.
Las corrientes marinas pueden ser superficiales y profundas. Ambas se encuentran vinculadas por movimientos convectivos (debidos a diferencias de densidad) de agua.
 
Corrientes superficiales

Hasta 400 m de profundidad, constituyen el 10% de las corrientes oceánicas y están influenciadas por distintos factores: el calor del sol, los vientos, la gravedad y la fuerza de Coriolis.
El calor del sol afecta a los vientos y estos, a su vez, a las olas y corrientes superficiales.
La gravedad y la fuerza de Coriolis determinan la dirección del flujo de las corrientes.
 
Calor del sol: En las zonas cálidas se recibe más energía solar. El aire es más caliente y menos denso y por tanto asciende (forma una baja presión y libera humedad en forma de precipitación). Al alejarse de estas zonas, se enfría, se hace más denso y desciende (alta presión y absorción de humedad). Las masas de aire que se desplazan son reemplazadas por otras, lo que ocasiona el viento y forma una celda de circulación o de convección.
 
Vientos: Los vientos, a su vez, son los responsables de producir las olas y las corrientes en el océano. Empujan el agua desplazándola en la dirección de la que provienen.
 
Gravedad: El calor del sol también causa la expansión del agua. Cerca del Ecuador, el nivel del mar está 8 cm por encima del nivel de latitudes medias. El agua tiende a fluir hacia abajo, en dirección de la pendiente, por efecto de la fuerza de la gravedad.
 
Fuerza de Coriolis: Además, la rotación de la Tierra produce el efecto de Coriolis que hace que todo lo que se mueve en su superficie no siga una línea recta, sino que tienda a girar hacia un lado). Este flujo de agua produce grandes corrientes circulares en las cuencas oceánicas que se conocen como Giros.
 
Termostato del planeta
 
Las corrientes superficiales cálidas transportan gran cantidad de energía en forma de calor hacia los polos, suben la temperatura del aire, incrementan la concentración de vapor de agua y aumentan la humedad.
Las corrientes superficiales frías ayudan a refrescar los trópicos, disminuyen la temperatura del aire y la concentración del vapor del agua en la atmósfera y bajan la humedad.
 
El aire seco y frío que sale del continente americano impulsado por los vientos del oeste se carga de humedad y calor a su paso por el Atlántico Norte y llega templado y húmedo a Europa, gracias a las corrientes marinas. La Europa atlántica tiene así un clima más suave del que le correspondería por su latitud.
 
Corrientes profundas o termohalinas
 
Del griego thermos (caliente) y alinos (salino) constituyen el 90% de las corrientes del océano y se originan por la diferencia de densidad de las aguas.
La densidad de las aguas depende de su salinidad y su temperatura.
En las zonas polares, con salinidad alta y temperatura fría, la densidad es alta y las aguas son más pesadas por lo que se hunden y se desplazan hacia zonas ecuatoriales. En las zonas ecuatoriales las aguas cálidas tienden a desplazarse hacia las zonas frías a través de la superficie.
Además, la disolución de oxígeno es mayor en aguas frías (esta circulación permite transportarlo a las aguas profundas, permitiendo la existencia de la vida en aguas oceánicas profundas) y el agua ascendente desplaza nutrientes a la superficie con lo que en estas zonas abunda la pesca.
 
Interconexión entre corrientes superficiales y profundas
 
Hay una compleja interconexión entre las corrientes oceánicas, conocida como Cinturón de Transporte Oceánico, que afecta a los patrones climáticos, transportando energía en forma de calor y humedad alrededor de la Tierra. 
Se cree (aunque los científicos no se ponen de acuerdo) que las corrientes oceánicas podrían verse seriamente afectadas por el aumento de gases de efecto invernadero y el calentamiento global. El aumento de la temperatura del planeta provoca el deshielo de los polos. En estas zonas, se produce un aumento de la concentración de agua dulce (procedente del deshielo), que provoca una disminución de la salinidad del agua del mar y por tanto de su densidad, volviéndola menos pesada y por tanto reduciendo la velocidad de la corriente termohalina.
La estabilidad de este Cinturón de Transporte Oceánico es necesaria para el equilibrio térmico del planeta. Alteraciones en la dirección o velocidad de esta corriente, podrían tener efectos adversos en el equilibrio climático del planeta y en la productividad de las aguas.
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